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Reflexiones en mi primer año viviendo de forma Zero Waste

Hará cosa de un año tomé la decisión de adentrarme en el estilo de vida Zero Waste. No lo hice de un día para otro, ni tampoco me levanté una mañana y dije: ¡Adiós plásticos! y los plásticos desaparecieron. No, qué va. En realidad, ha sido (y está siendo) un proceso.

Un proceso de cambios, de adaptaciones y de aprendizajes. Un cambio progresivo en mi estilo de vida y en la forma en como vivo, como consumo y como me relaciono con el planeta.

Tenía ganas de escribir este artículo, un artículo mucho más personal a todos los que he escrito hasta el momento. En él quiero compartir mi experiencia real con todos mis lectores y lectoras de este primer año viviendo de forma Zero Waste, pues de las experiencias de los demás también se puede aprender. Quién sabe, quizás de esta manera os anime definitivamente a dar el paso.

Voy a organizar este artículo en tres secciones. La primera, cuáles han sido los cambios y logros que he conseguido en este primer año viviendo de forma Zero Waste. La segunda, qué modificaciones siguen en mi lista de pendientes y, por último, qué aprendizajes me llevo de estos últimos 365 días.

Cintia con mundo

Viviendo de forma Zero Waste: Primeros cambios y logros

Por algo se tiene que empezar, y estos son los primeros cambios que yo he implementado en mi rutina para conseguir vivir de forma Residuo Cero.

  • Menstruación sin plástico. He de decir que este primer cambio ha sido uno de los más importantes para mí. ¡He logrado generar cero residuos durante mi periodo! Esto lo he conseguido usando la copa menstrual, algo que en realidad ya usaba desde hace algunos años, e incorporando además nuevos productos menstruales reutilizables que no conocía, como las bragas menstruales. Descubre todas las alternativas que puedes conseguir para una menstruación sin residuos en mi artículo dedicado a ello.
  • Beber agua filtrada con una botella reutilizable de acero inoxidable. Este es otro de los cambios que más impacto considero que han tenido en mi vida y en el planeta. Y es que desde hace un año no he consumido botellas de plástico. Lo he conseguido filtrando el agua del grifo y llevando siempre conmigo mi botella de agua reutilizable.
  • Hacer la compra con una bolsa de tela reutilizable. Básicamente, siempre que voy a comprar salgo de casa con mi bolsa de tela. Incluso llevo algunas más pequeñas en mi mochila del día a día para aquellas compras improvisadas. Utilizo una grande para hacer la compra a granel, y varias pequeñitas para lo que es fruta y verdura.
  • Ahora compro todo a granel. Empecé comprando básicos, como cereales, pasta, legumbres y frutos secos, a granel. Pero a medida que he ido buscando alternativas y conociendo más opciones en mi barrio, ya compro de todo sin envases: semillas, superalimentos, aceites, harinas, levadura, e incluso productos de limpieza para el hogar.
  • He aprendido a cocinar muchas de las cosas que antes compraba envasadas. Como el hummus, las hamburguesas veggies, salsas, falafels, dulces, bizcochos… También me he animado a preparar mis propias leches vegetales eliminando todavía más los envases.
  • Mascarillas y exfoliantes faciales naturales y caseros. He aprendido a preparar productos de cosmética sencillos con ingredientes que ya tenemos por casa. Mi mascarilla de miel o de aguacate son ejemplos de ello.
  • ¡Me he pasado a los sólidos! Ahora mis champús, jabones y acondicionadores son en formato sólido. ¡Ya no hay envases en mi ducha! ¿Y lo bonito y minimalista que queda el baño así?
  • He practicado el upcycling más a menudo. He tratado de reaprovechar mis residuos convirtiéndolos en objetos de valor.
  • Ahora me desmaquillo utilizando discos desmaquillantes reutilizables de algodón.
  • He utilizado mi primer cepillo de dientes de bambú. ¡Qué cambio tan sencillo y qué impacto tiene!
  • He descubierto el mundo de los aceites esenciales y los he introducido en mi rutina.
  • Y, en general, he pasado a consumir productos de marcas Zero o Low Waste.

Cosas pendientes en mi camino hacia el Zero Waste

Aunque estoy muy contenta con lo que he conseguido, aún hay muchos cambios que quiero llevar a cabo. Estos son mis objetivos para el siguiente año.

  • Hacer compost casero con mis residuos orgánicos.
  • Tener mi propio huerto urbano en mi piso de Barcelona. Ya tengo mis plantitas aromáticas, que a veces utilizo para cocinar (por ejemplo, la albahaca para preparar salsa pesto) pero me gustaría ser capaz de plantar (y hacer que crezcan) algunas verduras en mi balcón.
  • Pasarme a un maquillaje ecológico, vegano, cruelty free y Low Waste. De hecho ya he ido cambiando algunos productos que se me agotaban por productos de marcas sostenibles. Pero me gustaría que en algún momento todo mi neceser sea así.
  • Hacerme con una pajita reutilizable.
  • Hacer mis propios productos de limpieza del hogar caseros. Ahora los compro a granel, pero he leído mucho sobre cómo hacer tus propios productos de limpieza caseros y me gustaría algún día hacerlos, pues no es nada difícil.
  • Preparar mis propios fermentados. Chucrut casero, kombucha, etc. Pero por el momento los compro en recipientes de cristal o a granel.
  • Hacer pan casero.
  • Probar el filtro de carbón activo para el agua Binchotan.
  • Elaborar mi propio jabón con aceite usado.
Viviendo de forma Zero Waste, primeros cambios

Primer año viviendo de forma Residuo Cero: Aprendizajes y Reflexiones

Estos son los aprendizajes que he sacado en este primer año viviendo de forma Zero Waste.

  • La mitad de cosas que tenía antes eran innecesarias. He aprendido a vivir con menos y de forma más minimalista.
  • Consumo menos, en general, y solo compro cuando lo necesito. Esto aplica en comida, pero también en ropa y productos de belleza.
  • Cocino más y me encanta. Me encanta probar cosas nuevas, experimentar en la cocina y darme cuenta que casi todo lo puedo preparar yo misma, y que no es nada complicado hacerlo. Es muy gratificante saber que lo que comes lo has preparado tú y que no lleva conservantes, aditivos, azúcares u otras cosas raras.
  • Soy más consciente del impacto de mis acciones en el planeta y actúo en consecuencia. Me lo pienso dos veces antes de comprar algo nuevo y también reflexiono antes de deshacerme de algo (¿le puedo dar una segunda vida? ¿lo estoy reciclando correctamente?). Paseo por la calle y observo: observo la basura que generamos y si voy a pisar una bolsa de plástico no la ignoro: la recojo y la tiro en el contenedor amarillo.
  • Me he involucrado activamente en iniciativas sociales que creo que son relevantes para crear consciencia social y ayudar a mejorar el problema medioambiental al que nos enfrentamos.
  • Disfruto más del momento. Disfruto de la experiencia de cocinar, de comprar a granel o en comercios de barrio. No he vuelto a pisar un supermercado convencional. El mero hecho de entrar y ver todo lo que hay envuelto en plástico, los carritos a rebosar de paquetes y bolsas de plástico que se lleva la gente, me produce cierta eco-ansiedad.
  • He ganado en salud y felicidad. Salud, porque si bien nunca he comido mal, ahora como mejor: fruta y verdura principalmente y nada de procesados ni comida envasada. Felicidad porque vivo acorde mis valores y esta coherencia me da tranquilidad. Ya sé que no soy perfecta y podría mejorar muchas cosas; también sé que yo sola no cambiaré el mundo, pero me voy a dormir tranquila sabiendo que cada día he hecho lo que he podido.
  • Mi pelo está mejor que nunca y utilizo muchos menos potingues que antes.
  • Me encanta ver cómo influyo (por poquito que sea) en familiares y amigos a llevar un estilo de vida más sostenible.

Empezar no es difícil, pero tienes que marcarte objetivos fáciles y a cumplir en el corto plazo. Por ejemplo, cuando tengas que cambiar tu cepillo de dientes, piensa en hacerte con uno de bambú. Acostúmbrate a llevar siempre contigo una bolsa reutilizable para hacer la compra. Consume menos envasados. Prueba a hacer tu propia comida. Y así, poco a poco, integrarás en tu rutina hábitos sostenibles.

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