El impacto oculto del papel higiénico y cómo elegir una alternativa más sostenible

Una forma fácil de empezar a vivir de forma más sostenible es hacer pequeños cambios en casa. Así empecé yo hace unos años: cambié mis champús envasados en plástico por champús sólidos, incorporé esponjas vegetales de luffa en lugar de sintéticas y, en general, intenté (y sigo intentando) reducir al máximo el uso de plástico de un solo uso en casa.

Pero hay un producto que está en prácticamente todos los hogares, al que casi nunca prestamos atención, y que puede tener un impacto ambiental mucho mayor del que imaginamos.

Te hablo del papel higiénico.

Durante mucho tiempo, yo tampoco me había parado a pensar demasiado en él. Al fin y al cabo, es papel, ¿no? Y cuando hablamos de residuos y contaminación, solemos poner el foco en el plástico de un solo uso. Pero el papel higiénico también es un producto de usar y tirar. Y no solo eso: detrás de cada rollo hay una cadena de producción que implica materias primas, agua, energía, transporte, posibles químicos tóxicos y residuos.

En este artículo quiero contarte cuál es el impacto ambiental del papel higiénico tradicional, qué alternativas ecológicas existen y por qué el papel higiénico de bambú puede ser una opción interesante si quieres reducir residuos en casa sin complicarte demasiado.

Este es el impacto del papel higiénico en toda su cadena de producción

A simple vista, el papel higiénico parece un producto bastante inocente. Es ligero, biodegradable en muchos casos y no genera ese rechazo inmediato que nos produce, por ejemplo, ver un envase de plástico de un solo uso.

Pero que algo sea de papel no significa automáticamente que sea sostenible. El problema del papel higiénico tradicional está en todo lo que ocurre antes de que llegue a nuestro baño: la obtención de la materia prima, el proceso de fabricación, el uso de agua y energía, los químicos que pueden utilizarse y, por supuesto, el hecho de que es un producto pensado para usarse durante unos segundos y tirarse.

La materia prima: árboles, celulosa y deforestación

El papel higiénico convencional suele fabricarse a partir de celulosa, que puede proceder de fibra virgen, de papel reciclado o de otras fibras vegetales.

Cuando se utiliza fibra virgen, el impacto ambiental puede ser mayor, porque implica extraer recursos naturales para fabricar un producto que vamos a usar una sola vez. En otras palabras: árboles convertidos en papel que acaba en el váter en cuestión de segundos.

No todo el papel higiénico tiene el mismo impacto, claro. No es lo mismo un papel reciclado que uno fabricado con fibra virgen; tampoco es lo mismo un papel blanqueado y envuelto en plástico que uno sin blanquear, sin plástico y fabricado con materias primas más renovables.

Por eso, más que quedarnos con la idea de “papel higiénico sí o no”, creo que tiene más sentido preguntarnos: ¿de dónde viene ese papel?, ¿cómo se ha fabricado?, ¿qué recursos ha consumido?, ¿está blanqueado?, ¿cómo está envasado?

Agua, energía y emisiones en la fabricación

Fabricar papel higiénico implica un proceso industrial que requiere agua, energía y diferentes fases de tratamiento para transformar la fibra en un producto suave, resistente y apto para el uso diario.

Durante la fabricación se consume agua en grandes cantidades, se necesita energía para procesar la materia prima y también entran en juego el transporte, el embalaje y la logística. Si además hablamos de papel blanqueado, perfumado, con tintes o presentado en envases de plástico, la huella ambiental aumenta todavía más.

Por eso, cuando buscamos un papel higiénico sostenible, no deberíamos fijarnos solo en el material. También importa mucho cómo se fabrica.

Blanqueadores, químicos y PFAS

Este es otro punto que cada vez se escucha más, sobre todo cuando te interesa reducir tóxicos en casa.

Muchos papeles higiénicos convencionales pasan por procesos de blanqueado para conseguir ese color blanco que asociamos con limpieza. En ese proceso se usa lejía y otros químicos que podría ser el origen de la posible presencia de PFAS en el papel higiénico.

Los PFAS son un grupo de sustancias químicas persistentes que preocupan porque no se degradan fácilmente en el medio ambiente. Por eso se les conoce muchas veces como “químicos eternos”. Se han usado en diferentes industrias por sus propiedades resistentes al agua, a la grasa o al calor, pero precisamente esa resistencia hace que sean problemáticos cuando acaban en el entorno.

Alternativas ecológicas al papel higiénico: ¿cuáles son?

La alternativa más sostenible al papel higiénico es, evidentemente, reducir su uso. Y aquí entran opciones como el bidet o la ducheta, que permiten usar agua para la higiene íntima y reducir muchísimo la cantidad de papel que utilizamos a diario.

En casa de mis padres, por ejemplo, hace años que les convencí para instalar una ducheta. Y todos estamos encantados. Ahora bien, si soy 100% sincera, nunca hemos dejado de usar papel higiénico del todo.

Lo hemos reducido, sí. Muchísimo. Pero seguimos usándolo para terminar de secar, para asegurar una correcta limpieza o simplemente porque cuando vienen invitados es lo más práctico.

Y esto es importante porque muchas veces hablamos de sostenibilidad como si todo tuviera que ser perfecto. Como si la única opción válida fuera eliminar por completo un producto de nuestra vida. Pero la realidad es que, primero reducimos, y luego buscamos mejores alternativas.

Y ahí es donde entra el papel higiénico sostenible. Si, como yo, no vas a eliminarlo al 100%, al menos puedes elegir un papel de baño más respetuoso: sin plástico, sin blanquear, fabricado con fibras más sostenibles y con un proceso de producción más responsable.

Fuente: Wiar.eco

Wiar: pioneros en la fabricación de papel con neutralidad de carbono

En esa búsqueda de alternativas más sostenibles al papel higiénico tradicional, descubrí Wiar, una marca que me parece interesante precisamente porque no se queda solo en el producto final, sino que pone el foco en todo el proceso, apostando por un sistema lo más circular posible.

Una de las cosas que más me gusta es que fabrican en España. Esto, además de apoyar la producción local, ayuda a reducir parte del impacto asociado al transporte y permite tener más control sobre el proceso.

Pero lo más destacable es su forma de producir.

  • El proceso de fabricación del papel de Wiar se realiza gracias a la energía de la planta solar, utiliza biomasa para generar vapor a partir de residuos de bosques cercanos y compra energía a proveedores de energía renovable. Es decir, intenta que la energía necesaria para fabricar sus productos tenga el menor impacto posible.
  • También trabajan el agua de forma responsable: la obtienen de ríos, pero la devuelven limpia gracias a su planta de tratamiento. Y los residuos generados durante el proceso se reutilizan para producir energía.
  • Además, sus papeles no utilizan lejía ni químicos agresivos para blanquear las fibras y mantiene un color natural.
  • Tampoco utilizan envases de plástico para envasarlo. El papel higiénico de Wiar viene en una caja de cartón reciclable, evitando esos paquetes de plástico que tantas veces vemos en los supermercados.
  • Y, por último, también optimizan la logística para reducir transporte, camiones y emisiones asociadas.

Esto es justo lo que me parece interesante cuando hablamos de sostenibilidad real: no mirar solo el resultado final, sino toda la cadena.

Papel higiénico de bambú de Wiar

Uno de los productos que más encaja con este cambio hacia un baño más sostenible es el papel higiénico de bambú de Wiar.

El bambú es una materia prima muy interesante porque crece mucho más rápido que los árboles utilizados habitualmente para producir papel. Además, requiere menos agua y no necesita pesticidas, lo que lo convierte en una alternativa más ecológica frente al papel higiénico tradicional.

Esto no significa que el bambú sea mágico ni que cualquier producto hecho con bambú sea automáticamente sostenible.

Como siempre, importa el origen, el proceso de fabricación, el transporte, el embalaje y la transparencia de la marca, pero todo esto son puntos que Wiar ya tiene en cuenta.

Papel higiénico sin PFAS

Uno de los puntos más relevantes del papel higiénico de Wiar es que cuenta con certificado sin PFAS.

Todos sus productos están libres de sulfonatos de perfluorooctano —PFOS—, ácido perfluorooctanoico —PFOA— y cualquier otro agente químico del grupo de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas —PFAS—.

En un producto tan cotidiano como el papel higiénico, que usamos a diario y en contacto con zonas íntimas, elegir una opción sin PFAS, sin fragancias y sin blanqueadores agresivos me parece una decisión bastante importante.

Además, este tipo de certificados ayudan a diferenciar entre marcas que hacen “greenwashing” y marcas que sí aportan datos concretos.

Fuente: Wiar.eco

Entonces, ¿qué papel higiénico es más sostenible?

Para mí, la respuesta sería esta: la opción más sostenible es reducir el uso de papel higiénico siempre que podamos.

Si tienes bidet o puedes instalar una ducheta, es una forma muy sencilla de disminuir muchísimo el consumo de papel en casa. No genera residuos, es práctica y, una vez te acostumbras, se vuelve parte de la rutina.

Pero también creo que hay que ser realistas. Muchas personas no van a eliminar el papel higiénico al 100% (me incluyo). Ya sea por costumbre, por comodidad, por visitas, por niños, por el tipo de baño que tienen o simplemente porque no quieren hacer ese cambio de golpe.

Y no pasa nada.

La sostenibilidad no va de hacerlo todo perfecto, sino de tomar mejores decisiones dentro de nuestras posibilidades.

Por eso, si sigues usando papel higiénico, puedes elegir una opción mejor: un papel higiénico de bambú, sin plástico, sin blanquear, sin fragancias, sin PFAS y fabricado con un proceso más responsable.

En ese sentido, el papel higiénico de bambú de Wiar, así como sus demás productos de papel, me parecen una alternativa muy interesante para quienes quieren reducir el impacto ambiental del papel higiénico sin complicarse demasiado.

Porque no siempre podemos eliminar todos los residuos de golpe, pero sí podemos empezar a sustituir los productos cotidianos por opciones más coherentes con la forma en la que queremos vivir.

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